EL MECHERO BUNSEN
 

 

     Hay que llegar en coche a Gandesa, desde allí se toma la carretera dirección Pinell de Brai, y tan sólo a dos kilómetros se encuentra una pista forestal que conduce a la Cota 705. Este punto estratégico, que ahora acoge un monumento commemorativo, fue en el verano de 1938 uno de los escenarios decisivos de la batalla. Los paisajes de esa lucha cainita son fuente de meditación sobre la violencia o la sinrazón del ser humano, cuanto menos hasta que nos deje el último superviviente de los que fueron a luchar con tan solo 17 años en defensa de Catalunya y la República. Los "biberones", que ya superan los 90 años de edad, recibieron la notificación de incorporación urgente a las filas republicanas el 28 de abril de 1938. 

Un trío de cuerda femenino
junto al monumento por la Paz

                                               27.000 MIEMBROS
     Antoni Quintana, de Manresa, fue quien tuvo la idea en 1980 de hacer un encuentro de supervivientes de esa quinta. Pero la agrupación se formó para acoger a todos los participantes en la guerra incivil, sin distinción del bando en que lucharon. Por ello se evita toda manifestación política en este encuentro anual. Los estatutos establecen que el colectivo quedará disuelto cuando sólo queden los diez últimos supervivientes. El apodo de “quinta del biberón” les fue dado por la ministra anarquista Federica Montseny, que en la discusión sobre la ley dictada por el gobierno, comentó: “¿Diecisiete años? Pero si todavía se tomarán el biberón…”. De los 27.000 miembros que fueron obligados a ir al frente sin experiencia y apenas preparación, llegaron a final del siglo XX unos 3.500. Todos tuvieron una juventud trágica. El monumento por la Paz, de 12 toneladas de peso, está formado por un cubo, representando el globo terráqueo, encima de una base de piedra, que acoge una tumba con los restos de los combatientes que en su día no fueron enterrados.
     Una paloma de la Paz, el escudo de Catalunya con una inscripción que recuerda el Milenario, y una poesía son los elementos visuales que se pueden ver en las caras del cubo.

  Voluntad de Paz

El biberón Bernat Calvó
interpreta el Cant dels Ocells

     El monumento aplasta la guerra y sobresale con voluntad de paz, con un mensaje para todas las generaciones en contra de todo conflicto armado. La poesía, del poeta reusence Antoni Correig, dice: Tú que estàs enfront meu, / també en trinxeres, / qui ets?... / Potser algun jorn / Ens em donat la mà / I ara dins el palmell / portem un arma. / Ni que enfront meu, / no puguis escoltar-me / t’anomeno amb un nom: / El de germà…”
     En un extremo de la pequeña explanada se hallan diversas placas conmemorativas, destacando la del general Enrique Líster, quien mandó el V cuerpo del ejército republicano durante la batalla del Ebro, y la dedicada a los caídos pertenecientes a las Brigadas Internacionales. También se puede leer una frase del escritor catalán Pere Calders:
     "Mirant avall, cada pedra que veiem és la tomba d'un heroi. I mirant amunt, endavant, cada tros de carretera, cada camí, es una ruta oberta cap a la llibertat" (Unitats de xoc)
      Durante la preceptiva misa de campaña, donde se recalcó el carácter conciliador de este acto, el biberón Bernat Cardó ejecutó solos de violín, entre ellos, el cant dels ocells. Por su parte, un terceto femenino compuesto por dos violes y un contrabajo envolvía la celebración de cierta melancolía. El acto litúrgico finalizó con el Cant dels Segadors y la ofrenda floral al monumento por la Paz. El director general de Relacions Institucionals i amb el Parlament, Joan Auladell, anunció que "la institución ha dado apoyo a la candidatura de la agrupación para ser galardonada este año con el Príncipe de Asturias de la Concordia.

             HOMBRE AFORTUNADO
 Bernat Calvó toca el violín en la orquesta Amics dels Clàssics de Barcelona. Explica a Bunsen que “se luchó duro aquí en Pàndols. Después intervine en el frente del Segre, y ya a final nos fuimos retirando en desbandada hacia los Pirineos”. Él no optó como cientos de miles por el exilio, sino que “nos fuimos escondiendo donde podíamos hasta que pasaron los nacionales". "En las ciudades primero entraban los moros, que tenían carta blanca para coger lo que quisieran”. Bernat decidió presentarse a la Guardia Civil, y lo llevaron detenido al campo de concentración de Igualada. 

Un F-18 sobrevuela la cota 705 de Pàndols

     De allí pasó en principio como recluta al protectorado de Marruecos, pero se trataba de un pelotón de castigo: “Nos hacían cargar grandes piedras desde el río para hacer nidos de ametralladoras en las colinas, pues había disputas con los franceses”, explica con emoción. “Muchos murieron por las fiebres palúdicas. Mi madre rezó mucho por mí, y como además era viuda, me dejaron ir a casa a los cinco meses”.
     Para acabar este emotivo acto, dos reactores F-18 del Ejército del Aire han realizado diversas pasadas en vuelo bajo por encima de la cota 705, rompiendo cada vez la barrera del sonido. Cada pasada parecía un rugir, una señal de fuerza, la feliz confirmación de que existen hoy día unas fuerzas armadas que representan a toda la sociedad, y hacen imposible guerras fraticidas como la acaecida en la Sierra de Pàndols. En cualquier conflicto sólo desean olvidar los culpables. Cuanto menos, hay que honrar con la memoria y con actos solemnes como éste a aquellos que dieron su vida por la libertad y la democracia.
     En 2007 unos desconocidos atacaron el espacio histórico de la cota 705, apareciendo pintadas y símbolos de la ideología falangista , como “La Falange sigue en lucha”, “Arriba España”. También desaparecieron las placas dedicadas a las Brigadas Internacionales y al general Enrique Líster.

LA BATALLA DEL EBRO

     La Batalla del Ebro, en el verano de 1938, fue vital para el desenlace final de la Guerra Civil. La moral republicana, en aquel momento, estaba destrozada. Tras las derrotas en Aragón y en el Frente Norte, se necesitaba una acción militar que demostrara que la República no estaba muerta y era capaz de ganar la guerra. Confrontó a más de 200.000 soldados republicanos y franquistas durante 115 días, entre el 25 de julio y el 16 de noviembre. Fue el choque armado más sanguinario, con unos 120.000 hombres muertos o malheridos. Supuso para los republicanos la última oportunidad para no perder la guerra.

       El interés estratégico era nulo en una zona del Ebro  prácticamente despoblada, sin industria, con cosechas de secano. El único interés era que el general Vicente Rojo sabía que Franco contestaría al ataque, dada la formación que había recibido el caudillo caracterizada por dar mucha importancia al avance continuo y por reconquistar los territorios perdidos en las batallas. Así las tropas de Franco se alejarían de Valencia y se aliviaría esta zona del Levante que había sido muy castigada. 
La ofensiva republicana se inicia sin la seguridad de que se pueda acceder a material nuevo, cuando el utilizado se acabe o se destruya. 

Soldados  republicanos cruzando el río Ebro

     En cambio, el ejército de Franco disponía de reservas ilimitadas  en el Ebro, tanto de material como de hombres.
     En la madrugada del 25 de julio miles de soldados republicanos cruzaron el Ebro por una docena de puntos, desde Mequinenza hasta la costa mediterránea, con barcas que trajeron desde el mar y camufladas en el margen del río. El éxito fue total, pues al cabo de una semana establecieron una cabeza de puente de 800 kilómetros cuadrados. Luego se tendieron puentes sobre flotadores de corcho y estructuras de hierro, por donde pasaron los blindados.   
     Franco ordenó concentrar todas sus tropas y aplicó su estrategia habitual: no ceder ni un palmo de terreno, al precio que fuera. Empezó entonces una guerra de desgaste, al estilo de la Primera Guerra Mundial. Pero la aviación, sumada a la artillería, determinó la supremacía de las tropas franquistas. Al contrario que Franco, Rojo no dió la suficiente importancia a la aviación, que hasta entonces no había jugado un gran papel en las guerras. Desde los primeros días, los republicanos tuvieron que aguantar las continuas pasadas de los aviones nacionales atrincherados y cobijados en el suelo, sin poner oposición por disponer de pocas piezas de artillería y ser éstas deficientes.
     Otro de los errores de la República fue no valorar que las presas del Pirineo (Tremp, Camarassa...) estaban en manos de los franquistas, que las abrieron varias veces con el fin de destruir los puentes que construían los republicanos para pasar el material y los hombres y conquistar así el sur de Tarragona.

      No obstante, la batalla del Ebro creó malestar entre los generales de Franco. No fue unánime la idea del Caudillo de concentrar todo el material en el Ebro. Había fricciones porque en 1936 se planteó una sublevación rápida y no estaba siendo así. Cada nueva batalla que se entablaba tenía que ser la definitiva, y no lo era, produciéndose un cansancio internacional que cuestionaba la hegemonía de Franco. Por ello, éste decidió actuar en el Ebro con contundencia para demostrar de una vez por todas que la República no levantaría cabeza. Sabía que si derrotaba al ejército republicano la guerra se acabaría, porque la República no podía reponer material dado que la frontera francesa estaba cerrada.

El general republicano Enríque Líster
y el escritor Ernest Hemingway

     En realidad, fue una batalla perdida por la República antes de empezarla. Se trataba de un esfuerzo político más que militar, para conseguir una salida negociada o enlazar la contienda con la segunda guerra mundial que se avecinaba. Se pretendía dar un golpe de efecto e implicar a las democracias europeas en el conflicto.
     El impacto del conflicto fue enorme en la comarca, puesto que en muy poco terreno se concentraron miles de hombres en un enfrentamiento de gran intensidad.La última contraofensiva de los nacionales, el 30 de octubre, se inició con un bombardeo y asalto simultáneo a la Sierra de Cavalls. Los republicanos consiguieron replegarse con orden, lo que evitó su aniquilación. El 16 de noviembre volaban con explosivos el puente de hierro que unía las dos orillas en Flix.
     Según los historiadores, Franco planteó la batalla del Ebro para exterminar al ejército enemigo. 
                                                        (Bunsen, 26/07/2010)